Amaral define este disco como «una zambullida a un océano de colores sonoros donde conviven madera y metal, corazón y corteza, cuerpo, alma y alegría de vivir. 13 canciones que vibran como los destellos del sol sobre la superficie del mar». Y así me lo parece: es un disco con energía, con el que vibras, con el que cuesta quedarse sentado mientras lo estás escuchando. Evidentemente, y como en todos los álbumes, hay algún altibajo. Salto al color (2019) es el octavo álbum de los maños y a mí me trae, entre otros, recuerdos de un viaje que hice por Italia a finales de octubre de ese año y principios de noviembre; alquilé un coche y, saliendo desde Roma, me recorrí gran parte de la bota parando en los lugares que me interesaban: Florencia, el pequeño pueblo de cuento de Perusa, Bolonia -donde estuve un par de horas sentado en una iglesia escuchando un órgano-... En esos trayectos en coche, sonó mucho este Salto al color , recuerdo sobre todo Señales y Nuestro tiempo . Eso sí, si pueden, e...