Casi no me lo puedo creer: ha llegado junio. Me queda un mes de curso; lectivos menos días aún. El verano ya está prácticamente aquí. Qué lejos me parecía aquel 1 de septiembre, creía que el tiempo no pasaría.
Qué diferente es el pasado junio de incertidumbres con este junio, donde todo ha ido bien, donde la administración me ha dado el visto bueno para volver cerca de casa. Qué diferente se ve todo con la perspectiva del tiempo.
Casi no se habla de otra cosa. Asoma por aquí en plena primavera ya la que será una de las palabras del año para la FundéuRAE. Pero de lo que seguramente también debería hablarse, y mucho, es del nivel repugnante de la política española, de cómo unos y otros aprovechan cualquier crisis sanitaria, no española, sino mundial, para tirarse los trastos a la cabeza y arañar un puñado de votos aprovechando que el domingo que viene hay elecciones en Andalucía. Esta política me hasta, me entran ganas de no ir a votar, algo que nunca he hecho por responsabilidad y conciencia ciudadana. Pero estoy hasta los mismísimos cojones del y tú más y del yo me niego a hacer esto porque lo ha dicho la otra administración que no es de mi color político . Hasta los cojones. ¿Qué pretende el PP: dejarlos a la deriva porque Sánchez ha aceptado que lleguen a Canarias? ¿Qué pretende el PSOE: imponer sin explicar nada y sin coordinación con la comunidad autónoma afectada la llegada de un barco in...
Qué feliz te hace soñar con algo que deseas. Hace unas horas he soñado con mi último día de clase este curso. Y he sido feliz en ese mundo onírico porque sé que dentro de no tanto llegará. Porque el tiempo sí que pasa . Y aunque esté bien mirado en mi puesto, la carretera y los madrugones pesan. Aún no se atisba la primavera porque no deja de llover, pero pronto llegará y se dejará sentir en los cuerpos y en las calles y en las flores y hasta en los puestos de caracoles por las calles, y ahí verdaderamente estará muy cerca ese fin de ciclo y podré tocar con los dedos el ansiado cambio de destino cerca de casa. De momento, hoy me conformo con ese sueño bonito que cada día está un paso más cerca.
Ayer viví en clase una situación que había leído que estaba pasando en algún artículo de prensa, pero no me creía que podía ser real. Descubrí que muchos de los alumnos de 3.º ESO (14-15 años) no saben leer la hora con un reloj analógico sin números. Un reloj como el que aparece sobre estas líneas es exactamente igual que el que llevo en la muñeca: un Casio de esos eternos, de apenas veinte euros, de los que son relojes tontos que no necesitan tener un móvil al lado ni recargarlos todas las noches. El tema salió por azar y derivó en pasar enseñando el reloj a los alumnos y demostrarme que no sabía cómo interpretar la hora que era con lo que estaban viendo. Me reafirmo en lo que he dicho con anterioridad: vaya generaciones de inútiles estamos criando.
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