El tiempo sí que pasa


Me ha pasado desde que era pequeño que creo que el tiempo no va a pasar nunca, que por algún motivo se va a detener, y que voy a estar toda mi vida en la misma situación que tengo cuando tengo ese pensamiento. Por suerte, o por desgracia, no lo sé, la vida no funciona así y el tiempo sí que pasa.

Escribía el 31 de agosto dos entradas (aquí y aquí) hablando sobre que el de 2025 había sido el verano más corto de mi vida, motivado principalmente por un cambio no querido en mi puesto de trabajo. En ese momento, en un momento supino de tristeza, volvía a pensar que el tiempo se pararía, que no vería los días pasar, que el calendario no avanzaría nunca. Y mírenme, aquí estoy, a 17 de diciembre de 2025, más de tres meses después, escribiendo estas líneas desde ese puesto de trabajo, a la espera de la siguiente reunión ya por la tarde y haciendo algo de tiempo para comerme mi delicioso táper de lentejas con morcilla y chorizo, porque, en efecto, el tiempo sí avanza. Me pongo a pensar que cuando pase dos veces más lo ya vivido desde septiembre, habré terminado y mi siguiente destino será una plaza en un lugar más cercano.

Por otro lado, mis predicciones se han cumplido: la carretera empieza a hacérseme pesada, sobre todo en días como ayer donde vine de noche y me fui de noche, y más que se me hará en un par de meses más porque ya me ha pasado otros años; y me dará pena cuando me vaya a ir porque aquí estoy bien y si no fuera por la distancia sé que me quedaría hasta la jubilación si ningún problema. Pero no solo la carretera y las algo más de dos horas que paso diariamente en el coche pesan: levantarse todos los días sobre las 5:30 de la mañana termina siendo agotador.

Guste o no, el tiempo sí pasa, para todos y por cada uno de nosotros.

Comentarios

Lo más leído el último mes:

Prostituyendo el lenguaje

Descanso y lugares pequeños

Reiniciando