El fascismo anticárnico


Me despierto esta mañana leyendo en El País que Ámsterdam se convierte en la primera capital que prohíbe los anuncios de la carne. En una época en la que todo se etiqueta como fascismo, qué menos que hacer lo propio con la prohibición de exhibir carteles cárnicos en una de las principales capitales europeas, siendo la carne una parte importante de la dieta de gran parte de la población. No lo entiendo. Qué obsesión con prohibir la carne, cuando está demostrado que nos aporta un gran valor en nuestra dieta, que los que no la consumen tienen falta luego de nutrientes en el cuerpo que tienen que suplir con suplementos artificiales (pero qué asco). Qué mente enferma puede pensar que prohibiendo anuncios sobre carne de pronto la población va a volverse vegetariana, o vegana, o lo que sea.

En el mismo periódico, El País, encuentro en las cartas al director una misiva de dos días atrás que se alinea totalmente con mi pensamiento, enviada por Xulia Vicente Vaquero y titulada «La cocina de nuestras abuelas»:

Pasta sin trigo. Yogur de proteínas. Lasaña sin gluten. Brownie sin azúcar. Sin chocolate. Sin huevos. Sin horno. Sin nada. Llevamos años viendo cómo recetas insípidas se cuelan en nuestras cocinas, productos “sanos” que muchas veces son solo ultraprocesados con otra etiqueta. Le tenemos miedo a los guisos, a la grasa, a los fritos y a los platos de siempre. Y el problema no es querer comer mejor, sino dejar de disfrutar de una gastronomía tan rica como la nuestra sin sentir culpa en cada bocado. Las recetas de nuestras abuelas no desaparecerán solo porque no sepamos hacerlas, sino porque hemos aprendido a desconfiar de ellas. Y con ellas, se va también parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra tradición.

Bravo, Xulia. Cuánta razón. A mí déjenme de tonterías porque donde se ponga la cocina tradicional, con sus guisos, sus filetes, sus caldos y sus salsas, que se quiten estas tonterías para modernitos del tres al cuarto. Por eso, cuando escucho al señor de Mercadona diciendo que en cincuenta años no habrá cocina en las casas españolas, espeto un: «¡Que te acuestes!».

Foto de cabecera de Skyler Ewing.

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