Descanso y lugares pequeños


Hace unos días que no paso por aquí para escribir, pero ello se debe a que continúo de vacaciones hasta el jueves y, qué quieren que les diga: a lo bueno se acostumbra uno rápido. Si nada más comenzar las vacaciones de Navidad les decía que soy un animal de hábitos, que me cuesta hacer cambios en mis rutinas y que por eso un domingo normal suelo levantarme a las seis de la mañana como el resto de la semana, contra todo pronóstico estoy aprovechando estas dos semanas de asueto para relajarme, disfrutar y, sobre todo, dormir y descansar.

Llevo días levantándome pasadas las ocho de la mañana, pero es que además ayer y hoy, pasadas las nueve. Intento ser carpe diem en la medida de lo posible y que los problemas futuros son cosa de mi yo del futuro, pero que ahora toca descansar. Por lo demás, han visto, he estado disfrutando del mundo rural los últimos días del año con la familia; también con amigos el pasado fin de semana, en una aldea, perteneciente a Fuenteovejuna, con 41 habitantes censados. Eso es paz y tranquilidad. Siempre que voy por allí me entran ganas de comprarme una segunda vivienda para los fines y para el verano. No lo descarto y estoy dándole vueltas en la cabeza y haciendo números para un futuro no demasiado lejano. Mientras que la mayoría de gente habla siempre de casa en la playa, yo siempre he hablado de casa en un pueblo pequeñito, en una aldea que no aparece en los mapas, a los pies de una montaña que me permita coger espárragos en primavera, esponjes y níscalos en otoño y en invierno, vivir sin aire acondicionado en verano.

Viva el mundo rural.

Comentarios

Lo más leído el último mes:

Prostituyendo el lenguaje

Reiniciando