Hoy comienza enero de verdad para mí porque vuelvo al trabajo y tengo sentimientos encontrados. Por un lado, vuelve a invadirme un poco de esa
tristeza que tengo desde que comenzara septiembre por ocupar un destino muy alejado de casa que me hace comerme cada día algo más de una hora de coche en cada sentido, a lo que se suma que los primeras días de trabajo después de las fiestas navideñas, cuando ya todo ese despilfarro ha pasado, cuando las reuniones familiares y la comilonas han quedado atrás, me parecen tristones porque, pese al despilfarro, estás con gente a la que quieres; por otro lado, empezar enero hace que vislumbre allí, muy a lo lejos todavía, el final de esta etapa que desde que la empezara sabía perfectamente su fecha de conclusión, y un camino por medio, el de la primavera, el de los días que empiezan a alargarse, el de empezar a poder salir a la calle sin veinte capas cual cebolla, el de darte un paseo para tomarte en el crepúsculo una cerveza y unos
caracoles.
Sé que todo ese camino, que cada año disfruto, me acercará un poquito al final de este curso y me llevará a ese
verano que viviré. Pero por lo pronto hoy hay que arrancar y es que, al final,
todo llega y todo pasa.
La foto de cabecera la hice el 7 de enero de 2013 en Villaviciosa de Córdoba.
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