No sé qué tienen de mágico e hipnótico estos atardeceres de febrero en los que empiezan a alargarse los días y las nubes se vuelven rojizas, cargadas de agua mientras inciden los últimos rayos de sol sobre ellas.
En febrero, aún siendo invierno, empieza a vislumbrarse allá a lo lejos la hermosura de la primavera.
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