Aragón vota contra Pedro Sánchez

Aragón ha hablado. Y lo ha hecho con esa claridad incómoda que desbarata relatos, rompe consignas y obliga a mirar los datos sin el filtro del argumentario de Ferraz. Las elecciones autonómicas no solo confirman un giro político ya visible en Extremadura; certifican algo más profundo y más grave para el PSOE: el rechazo creciente, persistente y territorial al proyecto político de Pedro Sánchez. No a una sigla local, no a un candidato menor, sino al sanchismo como forma de poder. Porque Aragón no se ha «derechizado» de repente, no ha sufrido una epifanía conservadora ni ha sido víctima de un brote irracional. Lo que ha hecho Aragón es castigar al PSOE. Y lo ha hecho incluso cuando ese PSOE se presentaba con todo el aparato del partido y del Estado detrás, con una ministra-portavoz como candidata, con Moncloa volcada en campaña y con el habitual recurso al miedo como último argumento. El resultado es demoledor: el PSOE pierde cinco escaños, se queda en 18 e iguala su peor resultado histórico. Pero esta vez sin excusas. No hay imputados incómodos, no hay líderes regionales quemados, no hay circunstancias excepcionales. Pilar Alegría no era un lastre: era la apuesta personal de Sánchez. Su voz semanal, su rostro amable, su escudo mediático. Y aun así, se hunde. Y cuando cae una ministra-portavoz, no cae Aragón: cae la Moncloa; cae quien se sienta en el sillón allí.

Hoy veremos a ministros y demás séquito socialista vendiendo en los medios de comunicación su triste consuelo: «el PP depende más de Vox». Es un relato defensivo, casi automático, que sirve para no hablar de lo esencial. Porque mientras el PSOE se desploma, Vox crece como nunca y el PP, con todo y su desgaste, sigue siendo primera fuerza. La suma de la derecha alcanza los 40 escaños. La izquierda, en su conjunto, se queda en mínimos históricos. No hay suma alternativa, no hay bloque progresista, no hay mayoría social que respalde el proyecto del Gobierno. La fotografía es clara: el PSOE ya no es la alternativa al PP. En muchos territorios empieza a ser una fuerza en retirada, atrapada entre un regionalismo que recoge el voto desencantado y una derecha que capitaliza el rechazo frontal al sanchismo. El dato más inquietante para Ferraz no es solo la caída en votos, sino la cercanía con Vox en términos absolutos. En Teruel, directamente, se consuma el sorpasso. Y mientras tanto, el relato oficial insistirá en que el problema es Vox. Siempre Vox, como si Vox fuera una anomalía meteorológica y no una consecuencia política; como si no hubiera una relación directa entre la deriva del Gobierno, sus cesiones al separatismo, su desprecio por el debate parlamentario, su uso abusivo del decreto y el hartazgo de amplias capas sociales.

El PSOE paga hoy en Aragón lo que lleva años sembrando en España: privilegios territoriales, desorden migratorio, deterioro de los servicios públicos y una política basada más en la propaganda que en la gestión. Cuando el ciudadano percibe que el discurso no se corresponde con su realidad cotidiana, deja de escuchar, como dejó de escuchar por suerte hace años la loca guerra de sexos que se montaban los podemitas y sobre todo la Montero chica -y ahí están ahora sus resultados, que los dejan en la más absoluta irrelevancia política, siendo superados ya no solo por el partido de Alvise, sino hasta por el partido de Escaños en blanco. El caso de Aragón es especialmente significativo porque desmonta otro mito muy querido por el sanchismo: el de la gestión como salvavidas, porque Jorge Azcón no obtiene un resultado brillante, es cierto: pierde dos escaños y confirma que el PP tampoco está en una posición cómoda, pero el castigo al PSOE es muy superior y mucho más simbólico porque aquí no se votaba solo a un presidente autonómico, se votaba a la candidata oficialista, a la candidata de Sánchez. Y Sánchez ha perdido. El liderazgo de Pedro Sánchez resulta cada vez más indeseable para amplios sectores de la población, pero no por una cuestión ideológica estricta, sino por una forma de gobernar basada en la imposición moral, la descalificación del discrepante y el desprecio sistemático a la inteligencia del votante.

Extremadura fue el aviso; Aragón es la confirmación. Castilla y León y Andalucía aparecen ya en el horizonte como las siguientes estaciones de este mismo trayecto, un trayecto que conduce, inexorablemente, a una conclusión política incómoda: el ciclo de Pedro Sánchez está agotado, aunque él se empeñe en prolongarlo pactando con quien haga falta y vendiendo a su madre si fuera necesario. Se podrá discutir si el PP ha acertado con el adelanto electoral. Se podrá debatir sobre la estrategia frente a Vox. Pero todo eso es secundario frente al dato esencial: el PSOE se desploma allí donde se vota sin red, sin generales, sin municipales, sin cortinas de humo. Aragón no ha girado a la derecha; lo que ha hecho Aragón es girar la espalda al sanchismo, y esto ya no hay relato oficial que lo tape.

Comentarios

  1. Anónimo9.2.26

    Buen resumen, además esta estrategia del PP va a ir mostrando poco a poco el surgimiento de Vox. Van dos avisos, quedan otros dos y nadie parece mirarse el ombligo para reaccionar, así que luego vendrán las quejas y lloros (no casualmente de fachas, o sí)

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