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Pequeños placeres #5: Periódico de papel

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Otro de mis pequeños placeres es leer la prensa en papel. En época normal de trabajo, solo lo compro los fines de semana, que es cuando puedo leerlo tranquilamente; cuando estoy de vacaciones lo compro diariamente. No tiene comparación pasar las páginas en papel con ir pulsando en los enlaces en la prensa digital sin ton ni son; la jerarquización de las noticias tampoco tiene comparación; el olor del papel me llena de serotonina. Además, me encantan las revistas dominicales. Espero con ansias cada domingo leer El País Semanal y el XL Semanal . Como aspiro el próximo curso a poder estar al fin en mi ciudad, o al menos lo más cerca posible, fantaseo con poder comprar el periódico en papel a diario. La prensa, siempre que puedo, en papel; los libros, siempre siempre en papel. Larga vida al papel y, sobre todo, a la prensa en papel, por muy anacrónico que pueda sonar a muchos.

Pequeños placeres #4: El musgo

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Me gusta tocar el musgo que le sale al bonsái que tengo en mi terraza en esta época del año, por el frío y sobre todo la humedad. Este bonsái tiene ya años de historia a sus espaldas conmigo: tengo que remontarme a 2012, cuando me compré un falso pimentero japonés en el que creo que fue el último mercado medieval que se celebró en la Plaza de la Corredera de Córdoba (porque después pasó a celebrarse al sitio en el que sigue ahora: el entorno junto a La Calahorra); aquel bonsái tuvo una corta vida extraña: al poco se le cayeron las hojas para volver a retoñar al poco y volvérsele a caer para nunca más volver a la vida. Una cosa extraña que nunca me ha pasado con ninguna planta. En las Navidades siguientes, mi novia y ahora futura mujer me regaló el bonsái que se ve en la imagen. Frente a lo exótico (y caro) de lo anterior, el nuevo bonsái era mucho más común, pero también mucho más fuerte, resistente y, con el tiempo, bonito. Es un bonsái que resiste absolutamente todo: el calor cordobé...

Pequeños placeres #3: El sonido de la lluvia al caer

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Estar en el sofá tumbado tras haber acabado todo lo pendiente, con la tele de fondo, y empezar a oír el agua de la lluvia caer en una tormenta de finales de otoño.

Pequeños placeres #2: El primer café de la mañana

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El primer café de la mañana, que te hace caer al mundo de los vivos y empezar a quitarte las legañas de los ojos.

Pequeños placeres #1: Radio Clásica

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Conducir de madrugada escuchando Radio Clásica.

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