Madrugar
No sé exactamente por qué, pero desde hace unos cuantos años me he vuelto madrugador. Supongo que será la edad, no sé exactamente. Antes lo achacaba al café; desde que reduje mi dosis de cafeina diaria, no sé a qué achacarlo, pero lo cierto es que da igual la época del año, que sea invierno o verano, o que esté trabajando o de vacaciones: madrugo. Madrugo levantándome sobre las 5:30 - 6:00 casi todos los días del año. Sin despertador, sin tener excesivas preocupaciones, salvo momentos puntuales, como todo el mundo, claro.
Me gusta especialmente madrugar en verano, en esos días de luz eterna donde amanece temprano y anoche aún más tarde. El frío hace que no esté recluido donde suelo estar en invierno en los madrugones -en la cocina, con la radio siempre puesta-, sino que esté en la terraza, escuchando los primeros ruidos de la mañana: persianas que se levantan, motores de coches que arrancan, perros por doquier... mientras echo un primer vistazo a la prensa, planifico el día -qué tengo que comprar en el supermercado o en la plaza, qué voy a hacer hoy de comer- y veo amanecer en la terraza con el fresco de la mañana y el olor de mis plantas. Es el ratito del día que tengo para mí.
El amanecer es ese momento mágico del día, y solo puede comparársele el atardecer.

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