Vacaciones de Navidad
No tengo grandes planes para estos días de asueto porque, como les he dicho ya alguna vez por aquí, soy muy hogareño y creo que viajar está sobrevalorado. Ayer, volviendo del trabajo, escuchaba en la radio la típica conexión con la DGT para ver el estado de las carreteras y me parece alucinante que apenas pasadas las tres de la tarde ya haya no sé cuantos miles y miles de desplazamientos; entiendo que muchas son personitas que viven en Madrid o en Barcelona y que están deseando dejar la gran ciudad para volver con sus familias a algo que de verdad se pueda llamar hogar.
Yo no necesito tener planificado desde hace medio año un viaje para estas semanas navideñas para sentirme realizado; no necesito tener que ponerme mis mejores galas para hacerme la foto que compartir a nadie en redes sociales (ventaja de no tener redes sociales); no pienso que si no hago grandes planes en unas vacaciones no estoy aprovechando. Porque para mí disfrutar de las vacaciones es estar en casa descansando, terminarme un libro, verme alguna película navideña (ya vi otra vez las dos primeras de Solo en casa la semana pasada), seguir con una serie, echarme unas partidas al Age Of Empires en la Xbox tirado en el sofá, disfrutar de los pequeños placeres... incluso empieza a ser placentero dedicar cada mañana unos minutos a poner por escrito algún pensamiento en este cuaderno para luego volver a leer esas páginas con el tiempo (seguro que vuelvo a esta entrada con la vuelta al trabajo el 8 de enero).
Si en agosto decía que iba a aprovechar ese último mes de vacaciones al máximo, hoy, primer día de vacaciones de Navidad, digo tres cuartos de lo mismo: voy a disfrutar en casa y con la familia todo lo que pueda y más y si hay algo que no puedo hacer un día, ya lo haré al día siguiente; y si en Nochebuena y Navidad la comida me llega ya al gaznate, no voy a tener ningún remordimiento porque, carpe diem, eso es problema ya de mi yo del mes que viene.
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