Creo que resulta imposible encontrarse con alguien en una ciudad de interior un domingo de agosto entre las seis y las ocho de la mañana que no esté paseando un maldito chucho.
No sé si a alguno de ustedes le pasa, pero yo no puedo escuchar un discurso, del tipo que sea, en el que se esté constantemente desdoblando por género los sustantivos y los adjetivos; no solo va contra el principio de economía del lenguaje, es que el que te está escuchando desconecta. Lo tengo demostrado. En época de elecciones me pasa constantemente, sobre todo con los partidos más a la izquierda del espectro político: no los aguanto, aunque el fondo del mensaje me pueda resultar interesante. Desconecto, y si desconecto de lo que me quieren contar, la principal consecuencia es que no van a tener mi voto. No creo que el decir españoles y españolas cinco veces por minuto contribuya en nada a la igualdad real entre hombres y mujeres ni ello hace que los miembros de tu partido no sean, por ejemplo, unos puteros. Me ha pasado también a veces que estoy leyendo algún texto de alguien que me parece interesante; el texto o la persona, me da igual. Y de pronto, el colofón: un nosotres , un tod...
Los sueños. ¿Por qué los tenemos? ¿Por qué son tan reales? ¿Cómo construye nuestra mente algo tan vivo, tan real, tan verosímil? Dicen que todos soñamos, lo que ocurre es que no todo el mundo recuerda lo que sueña, pero soñar sueña todo el mundo. Recuerdo que en una clase de Filosofía de 1.° de Bachillerato, comentando el libro Walden Dos , hice una definición de sueño que gustó a la profesora: construcción onírica aleatoria. No recuerdo si la llevaba preparada, si la hice sobre la marcha o si se decía en algún punto del libro, pero sí que recuerdo esas tres palabras y, precisamente por gustarle a la profesora, se me quedó grabada en la mente. Hay sueños buenos y sueños malos; sueños placenteros y sueños angustiosos; sueños divertidos y sueños aburridos. Como las situaciones de la vida, ¿no? Como puede ser el día de cualquier persona normal. Suele pasarme que los días que madrugo y que el despertador es quien se encarga de interrumpir mi descanso, tengo los sueños muy fresc...
Me ha pasado desde que era pequeño que creo que el tiempo no va a pasar nunca, que por algún motivo se va a detener, y que voy a estar toda mi vida en la misma situación que tengo cuando tengo ese pensamiento. Por suerte, o por desgracia, no lo sé, la vida no funciona así y el tiempo sí que pasa. Escribía el 31 de agosto dos entradas ( aquí y aquí ) hablando sobre que el de 2025 había sido el verano más corto de mi vida, motivado principalmente por un cambio no querido en mi puesto de trabajo. En ese momento, en un momento supino de tristeza, volvía a pensar que el tiempo se pararía, que no vería los días pasar, que el calendario no avanzaría nunca. Y mírenme, aquí estoy, a 17 de diciembre de 2025, más de tres meses después, escribiendo estas líneas desde ese puesto de trabajo, a la espera de la siguiente reunión ya por la tarde y haciendo algo de tiempo para comerme mi delicioso táper de lentejas con morcilla y chorizo, porque, en efecto, el tiempo sí avanza. Me pongo a pensar que cu...
Comentarios
Publicar un comentario