No sé si a alguno de ustedes le pasa, pero yo no puedo escuchar un discurso, del tipo que sea, en el que se esté constantemente desdoblando por género los sustantivos y los adjetivos; no solo va contra el principio de economía del lenguaje, es que el que te está escuchando desconecta. Lo tengo demostrado. En época de elecciones me pasa constantemente, sobre todo con los partidos más a la izquierda del espectro político: no los aguanto, aunque el fondo del mensaje me pueda resultar interesante. Desconecto, y si desconecto de lo que me quieren contar, la principal consecuencia es que no van a tener mi voto. No creo que el decir españoles y españolas cinco veces por minuto contribuya en nada a la igualdad real entre hombres y mujeres ni ello hace que los miembros de tu partido no sean, por ejemplo, unos puteros. Me ha pasado también a veces que estoy leyendo algún texto de alguien que me parece interesante; el texto o la persona, me da igual. Y de pronto, el colofón: un nosotres , un tod...
Hace unos días que no paso por aquí para escribir, pero ello se debe a que continúo de vacaciones hasta el jueves y, qué quieren que les diga: a lo bueno se acostumbra uno rápido. Si nada más comenzar las vacaciones de Navidad les decía que soy un animal de hábitos, que me cuesta hacer cambios en mis rutinas y que por eso un domingo normal suelo levantarme a las seis de la mañana como el resto de la semana, contra todo pronóstico estoy aprovechando estas dos semanas de asueto para relajarme, disfrutar y, sobre todo, dormir y descansar. Llevo días levantándome pasadas las ocho de la mañana, pero es que además ayer y hoy, pasadas las nueve. Intento ser carpe diem en la medida de lo posible y que los problemas futuros son cosa de mi yo del futuro, pero que ahora toca descansar. Por lo demás, han visto, he estado disfrutando del mundo rural los últimos días del año con la familia; también con amigos el pasado fin de semana, en una aldea, perteneciente a Fuenteovejuna, con 41 habitantes cen...
Hoy comienza enero de verdad para mí porque vuelvo al trabajo y tengo sentimientos encontrados. Por un lado, vuelve a invadirme un poco de esa tristeza que tengo desde que comenzara septiembre por ocupar un destino muy alejado de casa que me hace comerme cada día algo más de una hora de coche en cada sentido, a lo que se suma que los primeras días de trabajo después de las fiestas navideñas, cuando ya todo ese despilfarro ha pasado, cuando las reuniones familiares y la comilonas han quedado atrás, me parecen tristones porque, pese al despilfarro, estás con gente a la que quieres; por otro lado, empezar enero hace que vislumbre allí, muy a lo lejos todavía, el final de esta etapa que desde que la empezara sabía perfectamente su fecha de conclusión, y un camino por medio, el de la primavera, el de los días que empiezan a alargarse, el de empezar a poder salir a la calle sin veinte capas cual cebolla, el de darte un paseo para tomarte en el crepúsculo una cerveza y unos caracoles . Sé qu...