Porque me apetecía

Llevo unos días en que he estado un poco -o bastante- desconectado de todo. Lo he hecho porque me apetecía, o porque me lo debía, o porque quería hacerlo. ¿Saben? Esa es la ventaja de escribir por el placer simplemente de escribir: que no debo cumplir con ninguna publicación, con ningún editor, con absolutamente nadie más que con mis ganas de tocar las teclas y publicar algo.

Estos días han sido muchas las ideas que me han rondado la cabeza mientras leía, veía la tele, daba un paseo o hacía la comida. "Esta idea es buena para mi cuaderno", decía para mis acentos, a veces a punto de ponerme a teclear para después olvidarlo en ese cajón de sastre que son los borradores, pero la mayoría sin ganas realmente de escribir nada.

Como saben, he pasado un curso algo complicado por la distancia que he recorrido cada día entre casa y el trabajo. Creo que eso me ha dejado tan agotado que cuando por fin he empezado las vacaciones he necesitado días y días para recuperarme. Saben ustedes que me gusta madrugar y que lo hago sin dificultad, pero el cansancio acumulado ha sido tal que he estado despertándome estos días a horas intempestivas para mí, en torno a las 7:30-8:00, cuando lo normal para mí durante los últimos meses ha sido estar en planta sobre las 5:00-6:00 de la mañana. Estoy irreconocible, lo sé. 

Estaba haciendo la comida -guisantes con cebolla y jamón y croquetas liadas la semana pasada- y, de pronto, me ha aparecido escribir, me ha apetecido volver a publicar. Sin buscarlo, sin verme obligado, cuando he sentido ganas de verdad. Qué importante es escribir para uno mismo. Si me siento con ganas, les relataré en próximas entradas qué he hecho estos días. O lo mismo desaparezco para nunca volver, quién sabe.

Comentarios

Lo más leído el último mes:

Deezer

Música deshumanizada

Hoy es el principio del final