Teletrabajo para (casi) todo
Hay partes de mi trabajo que la administración tiene a bien dejarme hacer en casa, todas relacionadas con tareas administrativas e incluso tutorías. Hay días, como hoy, miércoles, en los que salgo antes. ¿Termino de trabajar cuando salgo por la puerta del instituto pasadas las once? Para nada. Una vez que estoy en casa, continúo trabajando, poniendo notas, evaluando trabajos, preparando exámenes. Sin embargo, es una parte del trabajo que hago cómodamente en casa, ahora mismo, en una pausa para escribir estas líneas, y mientras preparo la comida casera de hoy. Qué maravilla. Si mi trabajo fuera diferente y ajeno a la educación, no elegiría nada que no tuviera teletrabajo porque para la mayoría de oficios me parece lo mejor, lo más cómodo y eficaz para todos.
Y en ese sentido envidio sanamente a mi novia, futura esposa el año que viene, porque lleva ya alrededor de tres años trabajando desde casa. Qué envidia cuando yo salgo en invierno antes de que amanezca con la escarcha en los cristales de los coches y ella puede levantarse, tomarse un café y una tostada, y trabajar en casa calentita, en pijama y con la calefacción, sin tener que estar una hora metido en el coche conduciendo chupándote atascos varios, accidentes que ves delante de ti por un subnormal que ha hecho un adelantamiento peligroso.
Todo el que pueda teletrabajar, debería hacerlo.

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